Hablar de momoyes es erizarse y extrañarse. Hasta el más escéptico y/o científico danza el baile del «de que vuelan, vuelan».
Los momoyes son una especie de hombrecillos de baja estatura o «duendes» que según la leyenda andina, especialmente en tierras trujillanas, son encargados de proteger a la naturaleza.
La representación artística, tanto en pinturas como en esculturas, reflejan a los momoyes como de unos 40 centímetros de estatura, sombreros de copa alta, barba y a veces con bastón. Estan inspirados en las experiencias de personas que aseguran haberlos visto o sentido su presencia, usualmente en campos y ríos.
Una prima más caraqueña que El Guaraira Repano visitó hace unos meses el Monumento a la Paz. Artesanos tallan muchas figuras propias de la cultura y la fe trujillana, incluyendo los momoyes. Ella, creyente y amante de la magia de la vida, el cielo y la tierra, se erizó. Justo se le acercó un hombre a decirle: ¿quiere ver el momoy que tengo aquí?. Ella, con temor, vio de qué se trataba: una figura de tronco que parecía un hombrecillo con sombrero, tal y como representa el arte a la leyenda mística. Se fue con un poco de miedo y respeto: no quiso hablar o nombrarlos más para que no «la molestaran».
Otra historia de los rumores de las aventuras de momoyes encantó a las redes sociales. Un creador de contenido, también de la capital, que mostraba las bellezas de Trujillo, contó que a alguien de su equipo se le cayó su celular en La Lagunita de Valera (un lugar lleno de historias y rumores). Los lugareños bromearon que los momoyes se lo escondieron.
Y es que eso de «molestar» o «jugar» es punto común que cuentan quienes viven la experiencia. Laura De Los Santos, trujillana, contó que si ella no lo hubiese vivido, no lo hubiese creído. Relató que por el 2008 visitó la casa de un tío en Boconó, cercana a una quebrada, y con una prima conversó acerca de esta leyenda y rieron sobre la descripción de los momoyes «A eso de las 12 y media de la noche, nos acostamos, cerré la puerta con seguro y al apagar la luz, me abrieron la puerta. ¡Era imposible! ¡estoy segura que la cerré! Gritamos y cerramos los ojos. Ninguna se atrevió a abrirlos porque podríamos quedar encantadas. Hicimos oración, nos calmamos y encendimos la luz. Son cosas delicadas». Su moraleja fue el respeto por las historias que se cuentan.
Los momoyes estan vinculados con cuerpos de agua. Dicen que los campesinos incluso son sus amigos y les piden permiso para disponer de las aguas. Además, el hecho de «profanar» los espacios o ensuciar a la naturaleza parece ofenderles, pues incluso llueve, al punto que son «echados» del lugar que han perjudicado.
El profesor del área de Literatura de la Universidad de los Andes, Núcleo Universitario Rafael Rangel en Trujillo, Dr. Luis Javier Hernández, estudioso además de esta figura mítica, explica que los momoyes estan arraigados a un realismo telúrico que mantiene estrechos vínculos con la idiosincrasia devenida del entrecruce cultural entre lo aborigen y lo europeo. «Son figuras locales que tienen una profunda vinculación con la cosmogonía universal de los duendes, gnomos y todas aquellas criaturas mitológicas, que de alguna u otra manera, han sido referencia en la literatura y conciencia cósmica de la humanidad».
Hernández, cuyo terruño es Boconó (municipio en el cual aseguran que aparecen los hombrecitos), indica que son varias las características de los momoyes, «una de ellas que son seres afables como una forma de mostrar la armonía con la naturaleza y ser mensajeros de un espacio más allá de lo físico. La caracterización de juguetones, ha surgido a través los testimonios orales de lugareños que aseguran haber interactuado con ellos. pero en esos testimonios, también se encuentran opiniones que los relacionan con el mal, raptos de personas (principalmente de mujeres)».
Trujillo está llena de magia, encantos y leyendas. El momoy, esa figura que nos hace reflexionar en el cuido de la naturaleza, definitivamente es trujillano. Hace mojito con suero, come chimó y ama la belleza del verdor de los campos.