Durante la ejecución de la Campaña Admirable, acantonado en el cuartel general en la ciudad de Trujillo, el 15 de junio de 1813 el brigadier general Simón Bolívar dicta el Decreto de Guerra a Muerte. Desde el mismo momento de la caída de la República en 1812, las autoridades españolas incumpliendo alevosamente lo acordado en la Capitulación de San Mateo, estaban aplicando la pena de muerte contra los republicanos.
Los primeros asesinos sanguinariamente célebres fueron Domingo Monteverde, Francisco Cérveriz, Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yáñez y Francisco Rosete. Estos personajes no tuvieron ningún reparo ante la historia, en desbordar un río de sangre contra los venezolanos que habían apoyado la Independencia. Las atrocidades practicadas por los españoles contra los militares republicanos, que eran capturados o se rendían, se extendieron también contra la población civil que conseguían a su paso, degollando a mujeres, ancianos y niños sin ninguna contemplación.
El «diablo Briceño» promotor de la guerra a muerte
El promotor más inmediato del Decreto de Guerra a Muerte, fue el coronel republicano Antonio Nicolás Briceño, conocido como el «diablo Briceño», quien muy temprano comprendió que en represalia por los crímenes que practicaban los españoles, la única medida era hacerles también la guerra a muerte. Estando en Cartagena organizando sus tropas con miras a invadir a Venezuela, lanza una proclama donde establece la confiscación de los bienes de los españoles que serían repartidos entre los que integren su ejército.
En San Cristóbal, ya iniciada la Campaña Admirable, el «diablo Briceño» emite otra proclama el 7 abril de 1813, reformando lo dicho en Cartagena. El día 9 de abril asume personalmente la guerra a muerte, cuando fusiló a 2 españoles que habían burlado sus órdenes, y con su sangre firmó los despachos que le dirigió a Bolívar.
El llamado de Bolívar a la causa de los americanos
Informado Bolívar el 8 de junio en la ciudad de Mérida, del testimonio de las atrocidades cometidas por fray Eusebio del Coronil, quien actuando en las partidas de Monteverde, exhortó: «en alta voz a los soldados, que de siete años arriba, no dejasen vivo a nadie». El Libertador exclamó: «Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte». Esto fue el preludio de la dura decisión que tomaría más adelante a su llegada a la ciudad de Trujillo.
El mensaje de Bolívar en el Decreto de Guerra a Muerte fue un llamado a los americanos a sumarse a la causa de la Independencia, y una exhortación firme a los españoles y canarios para que contaran con la muerte en la lucha que se desarrollaba para refundar la República en Venezuela. El coronel Antonio Nicolás Briceño fue capturado en Barinas por los españoles y sometido a juicio. Por enigmas de la historia, fue fusilado el 15 de junio de 1813, el mismo día en que Bolívar estaba firmando el Decreto de Guerra a Muerte en el cuartel general de Trujillo.