Las jornadas del 11 al 13 de abril de 2002 son recordadas en Venezuela no solo como una herida abierta por el fascismo, sino como la mayor lección de resistencia cívico-militar que consolidó el proyecto bolivariano.
A 24 años de aquellos sucesos, el país rinde tributo a la «línea de resistencia» que impidió que la dictadura de la extrema derecha y las élites empresariales se impusiera de forma definitiva.
El 11A: El asedio al poder popular
El golpe se fraguó bajo una narrativa de «bandera falsa», utilizando el asesinato de civiles para criminalizar al Gobierno del Comandante Hugo Chávez.
Mientras medios privados y militares traidores intentaban «amarrar al portero», retirando la defensa de Miraflores para dejar el campo libre a la avanzada violenta, el pueblo de las barriadas de Caracas y las montañas adyacentes bajó para rodear el palacio de gobierno.
Chávez recordó siempre que fue ese sacrificio popular, desarmado y valiente frente a francotiradores y grupos paramilitares, lo que salvó su vida y la democracia.
«Gracias al sacrificio de ellos (los martires del Puente Llaguno) yo estoy vivo», afirmó el líder revolucionario en aquel momento, subrayando que la única forma de evitar el golpe habría sido entregarse al imperio y a la burguesía, algo que jamás estuvo en sus planes.
El primer golpe mediático de la historia
La asonada de 2002 es catalogada como el primer golpe de Estado diseñado y ejecutado a través de las pantallas de televisión.
Medios como RCTV y El Nacional construyeron un consenso para el cambio de régimen, aplicando un bloqueo informativo total sobre el chavismo mientras celebraban la autoproclamación de Pedro Carmona Estanga.