El recurso más valioso de Valera reside en su gente: un capital humano caracterizado por su resiliencia y espíritu emprendedor.
El valerano posee una identidad forjada en el trabajo constante, lo que garantiza una fuerza laboral calificada y dispuesta a la innovación.
Con una mirada puesta en el futuro la ciudad no solo se conforma con ser el corazón comercial de Trujillo, sino que se proyecta como un eje estratégico para el desarrollo sostenible del occidente venezolano, donde la conectividad y la productividad marchan al unísono.
A diferencia del silencio colonial de otras urbes andinas, la Ciudad de las Siete Colinas vibra con una energía mercantil inagotable. Su posición geográfica privilegiada la consolida como el puerto terrestre indispensable que conecta el occidente venezolano con el centro del país, convirtiéndola en un nodo logístico donde el intercambio de bienes y servicios no conoce descanso.
